Natalia Tangarife: “Las madres tenemos una fuerza inexplicable para defender a nuestros hijos”

Con motivo del Día de la Madre, Cannapp entrevistó a Natalia Tangarife, una mamá que lleva años luchando por el derecho al libre acceso al cannabis medicinal en Colombia.

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Natalia Tangarife
Natalia Tangarife es la fundadora de Cultivando Esperanza, entidad sin ánimo de lucro que nació para promover el autocultivo y el cannabis medicinal. (Foto: Cannapp)

Antes de la Ley 1787, del Decreto 613 y de todo el boom del cannabis medicinal en Colombia, estaban las mamás cannábicas. Fueran ellas quienes, a través de su incansable lucha por los derechos al acceso a la salud de sus hijos, quienes forjaron todo lo que el país está viviendo hoy en vía en materia de cannabis.

Ellas fomentaron el autocultivo y salieron a las calles a protestar para que sus hijos pudieran tener una vida digna. Y quizás la figura más reconocida en este movimiento es Natalia Tangarife, fundadora de la Fundación Cultivando Esperanza. Su hijo Jacobo fue diagnosticado con epilepsia refractaria con tan solo año y medio de vida. Con motivo del Día de la Madre, Cannapp entrevistó a Natalia para hablar acerca del rol que juegan las madres en el cannabis medicinal.

A las madres les ha tocado hacer público el dolor para ser escuchadas. ¿No cree que es injusto?

Lastimosamente es necesario visibilizar nuestro dolor como madres para que entiendan y puedan, de una u otra forma, acercarse a lo que nosotras vivimos. Cuando nos enfrentamos a una situación como es la discapacidad, como es la epilepsia y otras enfermedades de tan difícil control, el apoyo del sistema de salud es mínimo. Siempre toca ir a una pelea con la EPS o con médicos porque realmente no saben cómo entender a nuestros hijos. Ellos nos ven las cosas como nosotras las vivimos. Por eso siempre ha sido necesario visibilizar el dolor aunque me parece injusto porque es algo que el Estado debe proporcionar, que es algo básico como mejor calidad de vida y una vida digna. Un niño que tiene discapacidad y cierto diagnóstico, el Estado debe proporcionarle todo para que tenga un desarrollo integral, para que no se vea expuesto a lo que se ven expuestos nuestros hijos. Nosotras tenemos que poner tutelas, hacer público su dolor y su discapacidad para que entiendan la profundidad de la lucha. El estigma que tiene el cannabis es demasiado fuerte y es satanizado, y esto se debe a la mala información que se divulga por redes sociales.

Parece que no hay otro camino…

Si me preguntas yo por qué acepto visibilizar este dolor, te diría que es porque puedo mostrar por medio de mi hijo cómo la planta ha cambiado nuestras vidas y cómo Jacobo ha mejorado notablemente. Han bajado sus crisis, su conexión con el entorno ahora es mucho más cercana, el niño nos mira, sonríe y duerme toda la noche. Eso era algo que las mamás no hacíamos, dormir. ¡Nosotras como madres dormir toda una noche, eso ya es una ganancia enorme! Los anticonvulsivos que a ellos les recetan les generan ataques de ansiedad, les quita el sueño, les quita el apetito. El cannabis lo que hace es estabilizar este tipo de efectos adversos, en mayoría de los casos. Quiero que la gente entienda que a nosotras las mamás no es que nos guste hacer público este dolor y que nos guste estar saliendo con los niños en televisión. Es algo que la misma sociedad y el mismo sistema nos lleva a hacer.

“Nosotras tenemos que poner tutelas, hacer público su dolor y su discapacidad para que entiendan la profundidad de la lucha”

¿Qué tan grande es el movimiento de las mamás en Colombia y Latinoamérica?

En este momento tenemos una red en Colombia y también en Latinoamérica. Yo aquí dirijo Cultivando Esperanza pero también represento a Mamá Cultiva Colombia y también hago parte de la Red Latinoamericana de Madres de Mamá Cultiva. Es importante porque uno puede sentarse en una mesa compartir con mujeres que han pasado algo muy similar a uno. Que pasan por un sufrimiento y han sido dolientes. Uno les puede dar la fuerza para buscar alternativas. Estos grupos se vuelven algo necesario y acá en Colombia ya somos más de 300 madres que usan el cannabis, y que informamos sobre cómo autocultivar. Que tomen su decisión.

Ustedes siempre han sido defensoras del autocultivo y de defender la fabricación artesanal de los aceites. ¿Qué opina de la actual legislación?

Actualmente la legislación nos está permitiendo mucho y van a llegar pronto productos que vamos a poder tener y no estar en el tema de elaborar nosotras mismas el aceite. Eso se vuelve algo dispendioso para muchas mamás. El cuidado de la planta no es que uno pone la semilla y que crezca. Hay que cuidar hongos. Esto no es cualquier cosa, es la medicina de nuestros hijos. Estas redes de mamás más que quererlas crear son necesarias para poder hoy tener la fuerza que tenemos ante el Gobierno, el Ministerio de Salud para exigir el derecho de nuestros hijos.

Desde su punto de vista y a partir de su experiencia, ¿por qué las mamás tienen esa fuerza y determinación para luchar?

Pienso que eso es instinto de protección que todas desarrollamos en el momento en que tenemos un hijo. Pero tampoco podemos desmeritar a los papás que hay en nuestra red. Hay muchos papás que son los que ponen la cara. La mayoría somos mujeres, pero también hay muchos hombres apoyando. Lo que pasa es que nosotras somos las que permanecemos más tiempo con ellos y somos las que vemos el sufrimiento, las convulsiones. Es la fuerza que nos da el instinto maternal para defender a nuestros hijos. Porque nosotras somos su voz, somos sus pies, somos sus manos. Nosotras somos ese vehículo para que ellos exijan sus derechos porque ellos no pueden hacerlo. Yo pienso que las madres tenemos una fuerza inexplicable que nos da la naturaleza para defender a nuestros hijos, pero también resalto que hay papás que han sido fundamental y que han dado la cara. La necesidad es la que lo lleva a uno como mamá a sacar la fuerza. A mí personalmente lo que más fuerza me dio fue ver que a mí me habían cerrado toda expectativa y toda esperanza con Jacobo y ya no sabemos qué hacer. Y yo tuve la voluntad de seguir buscando otras alternativas y encontrar en esta planta me dio a mi la fuerza para decir: “Todas podemos hacerlo, todas podemos buscar alternativas”. Hay que luchar por nuestros hijos, porque para nosotras el Estado no es un cómplice ni un buen apoyo.

Natalia Tangarife durante su ponencia en CannaCiencia. (Foto: Daniel Cortés).

¿Les preocupa que cuando salgan los productos al mercado sean muy caros?

Al comparar, tampoco es que el autocultivo sea algo barato. Estamos haciendo una medicina y hay que hacerlo bien porque es medicina para nuestros hijos, y eso no es algo barato. El riesgo que se corre a que esa planta no llegue a un fin y perder ese tiempo de cosecha es que vamos a perder el medicamento para nuestros hijos. A mí me pasó una vez que a una planta le dio un hongo, y yo eso así no se lo puedo dar a Jacobo. Me quedé sin aceite para mi hijo. Entonces es un riesgo que yo no quiero correr más. Me gustaría que me entreguen un producto que sea de buena calidad, y a un precio ético y justo. La Fundación Cultivando Esperanza hizo una alianza con Pharmacielo porque realmente necesitamos ese respaldo de que tengamos un producto donde podamos contar con él sin el temor a que algún día ya no lo vamos a poder obtener. Nosotras en el autocultivo arriesgamos mucho. El tener un producto estandarizado nos da la tranquilidad que le estamos dando la dosis que es. Cuando hicimos la alianza con Pharmacielo, el primer punto que hablamos es el acceso a las familias sin importar su clase social. Es imposible que para una familia que se sostiene a partir de un salario mínimo tenga que pagar 100.000 pesos por un aceite. A través de la Fundación queremos que todas las familias puedan acceder a un producto seguro y a un precio justo. Vamos por buen camino. Muchos le tenían o le tienen miedo a las multinacionales porque nos van a quitar el producto, pero para mí como madre me tranquiliza mucho poder tener un producto estandarizado.

“Hay que luchar por nuestros hijos, porque para nosotras el Estado no es un cómplice ni un buen apoyo”

Cuando habla de ese escenario donde se tenga un producto estandarizado la noto con cierto alivio. ¿Siente que la lucha por fin ha terminado?

Yo pienso que la lucha nunca termina. Si no es una cosa es la otra. Todavía hay muchas madres que necesitan mucho apoyo. Hay muchos diagnósticos en donde el cannabis tampoco es suficiente. Creo que nuestra lucha con el sistema de salud es constante, porque a parte de que los niños puedan o no acceder a un aceite, también hay que analizar la carga terapéutica y las citas médicas especializadas, por ejemplo. Siempre es una lucha constante y queremos seguir movilizando a las madres. Cuando se vive esta realidad y una discapacidad y un diagnóstico como el que tienen nuestros hijos, la lucha es día a día por su calidad de vida. Y eso va mucho más allá del cannabis.  

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